Buenos Aires, jueves 27 de diciembre de 2018

A los miembros de la comunidad educativa del Colegio Nacional de Buenos Aires

Llega fin de año y también el cierre de una gestión de 8 años a cargo  
del Colegio. Por eso creo oportuno -a lo largo de los dos meses  
restantes- dedicar estas últimas cartas del Rector a agradecer a  
quienes han tenido una participación clave.

En esta oportunidad, voy a enfocarme en la Dirección de Orientación al  
Estudiante. Cuando llegamos en febrero de 2011 el Departamento de  
Orientación al Estudiante contaba con un grupo de Psicólogos. Los  
tutores eran docentes ad honoren que eventualmente recibían una beca  
de la Asociación Cooperadora. Desde ese entonces las cosas han  
cambiado y mucho. El Departamento de Orientación al Estudiante se  
transformó en Dirección y allí se crearon dos nuevos departamentos: el  
de Tutoría y el de Trayectorias Especiales.

Hoy más de 30 profesionales rentados, mayoritariamente con 2 o más  
dedicaciones, acompañan a 2450 estudiantes, en una tarea titánica y de  
gran compromiso.

A partir del trabajo llevado adelante por ellos, hemos podido  
reconocer distintas problemáticas que atravesaron a nuestros  
estudiantes, lo que nos ha permitido elaborar distintas estrategias  
tendientes a su contención. Un ejemplo de ello es la creación del  
Programa de Trayectorias Especiales, a partir del cual hemos logrado  
que alumnos con situaciones complejas puedan contar con un esquema  
adaptado a sus necesidades que les posibilite continuar con su  
trayectoria colegial.

Desde el año pasado esta labor de la Dirección se ha complejizado, ya  
que a las problemáticas habituales se han sumado las cuestiones de  
género. Desde la perspectiva de este cambio cultural, se han suscitado  
una serie de denuncias (unas pocas institucionales y en su mayoría a  
través de escraches) que ha puesto a toda nuestra comunidad en una de  
las peores situaciones de los últimos años: el dolor en variadas  
formas se ha instalado entre todos nosotros.

En estas circunstancias y atendiendo al reclamo sostenido de los  
estudiantes, el Colegio se propuso dar respuesta a un fenómeno nuevo y  
para el cual nadie estaba preparado, ni las autoridades, ni los  
docentes, ni los tutores, ni las familias, ni los propios estudiantes.

Fue así que generamos espacios de discusión como las Jornadas a las  
que invitamos a referentes del tema y los Talleres, que estuvieron a  
cargo de una reconocida especialista; se dictaron cursos para docentes  
y se creó la primera Oficina de Asistencia contra la Violencia de  
género, acoso sexual y discriminación de género u orientación sexual  
en una escuela secundaria pública en el país. Queda iniciado un camino  
que deberemos seguir transitando.

Además, en su última sesión el Consejo Superior de la UBA -y luego de  
un arduo y fructífero debate con todas las escuelas en la Comisión de  
Educación Media- resolvió la implementación de la Ley de ESI en el  
marco del “Programa de Fortalecimiento de la Educación Sexual Integral  
en las Escuelas Preuniversitarias de la UBA”. Se estableció la  
obligatoriedad de realizar un taller ESI anual pautado como un trabajo  
práctico curricular, con una temática específica relacionada con los  
contenidos propuestos para cada año de estudio y que deberá contar con  
al menos un espacio específico para la coordinación y seguimiento de  
los temas y actividades ESI. Se reguló la obligatoriedad de realizar  
jornadas con temáticas específicas de ESI a lo largo de cada ciclo  
lectivo, realizar ciclos de charlas y talleres dirigidos a los  
distintos miembros de la comunidad educativa de cada escuela y que  
tanto docentes como nodocentes realicen de manera obligatoria el Curso  
Virtual sobre Temática de Género de la Secretaría de Asuntos  
Académicos mediante la plataforma del CITEP.

Es por todo lo realizado y por lo que estoy seguro se llevará a cabo  
que quiero agradecerle a cada miembro de la DOE su trabajo y entrega.

Atentamente,

Gustavo Zorzoli