Publicado en Colegio, el viernes 10 de septiembre de 2021

A modo de celebración, reconocimiento y agradecimiento a todos nuestros y nuestras docentes, compartimos las palabras de Liliana Olázar, querida profesora y Jefa de Departamento de Química, quien ha accedido recientemente al beneficio jubilatorio.

 

"El 11 de septiembre se conmemora el fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, se celebra el Día del Maestro.

Fundó 800 escuelas en todo el país, la Academia Nacional de Ciencias, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, el Observatorio Astronómico entre tantas otras obras.

Cuando se me invitó a compartir unas palabras en el día del Maestro, sentí se me honraba con una misión muy especial. El hecho me produjo una gran alegría, pero también una gran inquietud: ¿cómo ser la voz de mis colegas docentes superando mi particularidad? ¿Cómo reflejar en algunos párrafos el sentido del ser docente?

En algunos países, a los profesores de escuela media y superior se los llama “maestros”. La primera vez que lo escuché me quedé pensando en la connotación de esta palabra, la implicancia de ser docente, de contribuir a la formación de otras personas. Hoy tengo la posibilidad de compartir con ustedes algunas impresiones, ideas, sensaciones que están a flor de piel, sobre todo luego de haber transitado mucho tiempo sin aulas, sin tiza, sin abrazos, sin interacción directa con los estudiantes.

La tarea docente transitó distintos estadíos en este último tiempo: desconcierto, miedo, confusión, búsqueda, aciertos, errores. Todos, en mayor o menor medida, fuimos atravesados por un cambio de escenario que nos obligó a cambiar estrategias, alterar las secuencias, modificar la evaluación.

Todo eso a solas, valiéndonos de dispositivos que se fueron transformando en la botella arrojada al mar para llegar a nuestros estudiantes.

De eso se trata ser maestro. ¿Cómo compartirlo con ustedes? Con los que han sido mis autoridades, mis compañeros y compañeras docentes, mis estudiantes… Comienzo a buscar escritos de otros maestros y encuentro un fragmento de “Carta a quien pretende enseñar” de P. Freire:

[…] la tarea del docente, que también es aprendiz, es placentera y exigente. Exige seriedad, preparación científica, física, emocional y afectiva. Es una tarea que requiere de quien se compromete con ella, un gusto especial de querer bien, sólo a otros sino al propio proceso que ella implica. Es imposible enseñar sin ese coraje de querer bien, sin la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir. Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada de amar.

[…] Es preciso atreverse en el sentido pleno de esta palabra para hablar de amor sin temor de ser llamado blandengue, o meloso, acientífico si es que no anticientífico. Es preciso atreverse para decir científicamente, y no blablablantemente, que estudiamos, aprendemos, enseñamos y conocemos con nuestro cuerpo entero. Con los sentimientos, con las emociones, con los deseos, con los miedos, con las dudas, con la pasión y también con la razón crítica. Es preciso atreverse para jamás dicotomizar lo cognoscitivo de lo emocional. Es preciso atreverse para quedarse o permanecer enseñando por largo tiempo en las condiciones que conocemos, mal pagados, sin ser respetados y resistiendo al riesgo de caer vencidos por el cinismo. Es preciso atreverse, aprender a atreverse, para decir no a la burocratización de la mente a la que nos exponemos diariamente. Es preciso atreverse para continuar cuando a veces se puede dejar de hacerlo, con ventajas materiales.

Es a partir de este “atreverse” que siento la presencia de docentes, maestros, que han signado nuestra propia formación y aprendizajes; que nos han marcado, que nos han moldeado y trato de reflexionar acerca de mi rol frente a tantos estudiantes que pasaron por “mis” aulas a lo largo de más de tres décadas… mis estudiantes: esencia de nuestra tarea cotidiana. Maestros rigurosos, creativos, con sólida formación disciplinar y didáctica, afectuosos, entusiastas…

Esta tarea, cuya mística se gestó en los albores de nuestra patria a través de la obra de Belgrano, de Sarmiento entre otros, hoy se encuentra frente a desafíos para pensar nuestra práctica cotidiana como herramienta de crecimiento y superación.

Una práctica descreída por muchos, denostada por otros, valorada por algunos que exige ser refundada por profesionales exigentes, competentes, estudiosos y con un enorme amor por sus estudiantes.  Una tarea que requiere de tenacidad, esfuerzo, humanidad.

Pensar el magisterio en esta clave de dedicación, trabajo y disciplina demanda espacios de trabajo en los cuales se pueda reconstruir una trama de vínculos para que el aula sea un lugar de diálogo y encuentro que haga posible la enseñanza y el aprendizaje, desde miradas diversas, desde lugares diferentes, siempre con respeto por el otro, nuestro prójimo, que trae consigo su historia, sus vivencias, sus lógicas que en ocasiones son distintas de las nuestras, pero no por eso menos valiosas.

La enseñanza es una tarea compleja, que todo lo embebe, que todo lo atraviesa, que difunde sus límites, que adopta formas impensadas y por eso ardua y no lo suficientemente valorada, donde la literatura, la matemática, la historia, las artes o las ciencias son sólo excusas para colaborar en el desarrollo de las potencialidades de otras personas. Por eso, ejercida con respeto por el otro requiere de dedicación y esfuerzo que no siempre tiene sus frutos en el presente inmediato.

Si volviéramos a pensar en la obra educativa de Sarmiento no podríamos menos que citar un fragmento de primer discurso como presidente electo en 1868 cuando regresaba de Río de Janeiro.  El tema: la educación. Al bajar del vapor Aunis expresó:

“Aunque desde ayer tenía conocimiento de que esta manifestación debía efectuarse, no he podido en toda la noche pensar las palabras que había de dirigiros, porque estaba bajo la impresión de emociones demasiado fuertes. La palabra no puede seguir las palpitaciones del corazón. Sin embargo, siempre podré decir a ustedes algo, porque estoy en mi terreno, me reconozco entre mis amigos, y puedo hablarles con la franqueza de un hombre de corazón que sólo dice lo que siente.

(…) Al principio de la lucha electoral que ha concluido, un diario de esta ciudad, combatiéndome decía: “¿Qué nos traerá Sarmiento de los Estados Unidos, si es electo Presidente?”. Y él mismo se contestaba: “¡Escuelas! ¡Nada más que escuelas!”.

Somos activos protagonistas en un Colegio insigne de la educación argentina, que enarbola como valores la gratuidad, la laicidad y la calidad para todos los estudiantes.

Este año pudimos volver a nuestro Colegio, a las aulas: nuestro lugar. Celebremos en esta fecha tan especial el encuentro con el saber, la reflexión, la duda, la aventura del pensamiento."

Prof. Liliana Olázar