La historia del CNBA se remonta hasta 1654, cuando el Cabildo encomendó a los jesuitas atender a la educación juvenil. En 1661 se instalaron en el solar que desde entonces sería la “manzana de las luces”: Bolívar, Moreno, Perú, Alsina.


Expulsados en 1767, allí Vértiz fundó el Real Colegio de San Carlos, donde bajo la guía de Maizel los próceres fundadores (desde Saavedra a Moreno, desde Rivadavia hasta Dorrego, desde Monteaguado hasta Pueyrredón) hallaron su cuna intelectual y moral. Pueyrredón creó más tarde el Colegio Unión del Sud, donde cursó Urquiza; y Rivadavia el de Ciencias Morales, que educó a Echeverría y Alberdi (Sarmiento perdió el sorteo de ingreso).


El establecimiento fue privatizado y arancelado por Rosas.


Hacia 1863, Mitre recreó, sobre la antigua institución, el Colegio Nacional, pivote de su política integradora de porteños y provincianos. Es el de Agüero, Jacques y Cané.


Incorporado a la Universidad en 1911, ha dado una pléyade de creadores, escritores, artistas, científicos, economistas, los dos primeros Premios Nobel argentinos y cuatro presidentes.


Muchas de sus experiencias han transcendido -primordialmente, a las escuelas organizadas por otras Universidades Nacionales-, y su prestigio raya muy alto.


A partir de 1955, con la Universidad autónoma, el Colegio recobró su función de escuela piloto de experimentación. Incorporó alumnas y docentes.


Procura enseñar a entender, inferir, pensar y transmitir. Es concebido como un centro formativo y participativo, un razonable equilibrio entre orden y libertad.

 

Su plan de estudios matiza Humanidades y Ciencias; su sexto año orientado registra equivalencias con el Ciclo Básico Común, y toda su estructura educativa intenta ser una síntesis de tradición y modernidad.


En el Colegio Nacional de Buenos Aires cursan aproximadamente 2100 alumnos.